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ALTOS HORNOS ZAPLA: ochenta años de acero en el norte argentino y una pregunta que nadie responde

20 May 2026

Planta siderúrgica Altos Hornos Zapla en Palpalá, Jujuy, con alto horno encendido al atardecer — acero argentino NOA

El 11 de octubre de 1945, en un galpón a 13 kilómetros de San Salvador de Jujuy, se produjo la primera colada de arrabio de la historia argentina. El impulsor fue el general Manuel Savio, padre de la siderurgia nacional. La instalación se llamó Altos Hornos Zapla y su existencia determinó que Palpalá se convirtiera en lo que fue durante cuatro décadas: una ciudad que existía para, y por, el acero.

Hoy esa planta se llama Industria Zapla SA —INZA— y pertenece desde marzo de 2025 a Metalnor SRL, empresa salteña de los hermanos Jorge y Diego Yobi. Es el tercer propietario privado desde la privatización menemista de 1992. La producción se triplicó respecto a 2024. Los salarios, en cambio, llevan más de dieciocho meses sin actualización. Esa es, en pocas palabras, la situación actual de la siderúrgica más antigua del país.

El estado militar y su proyecto de integración vertical

La decisión de instalar una planta siderúrgica en Jujuy no fue casual ni puramente económica: respondía a una lógica de defensa nacional. El yacimiento de hierro de la zona de Zapla fue descubierto en 1939 de manera fortuita durante una excursión de caza. El Estado identificó de inmediato su potencial estratégico: el norte argentino contaba con mineral de hierro, madera para obtener carbón de eucalipto —15.000 hectáreas de bosque implantado— y acceso ferroviario.

Mediante el decreto 141.462 de enero de 1943 se creó el establecimiento bajo la órbita de la Dirección General de Fabricaciones Militares. Savio apostó por una integración vertical completa: minería propia en las minas 9 de Octubre y Puesto Viejo, carbón de la planta forestal de Centro Forestal —hoy un pueblo en sí mismo— y un alto horno que transformaba ese mineral en arrabio y, luego, en acero. Era una cadena de valor contenida dentro de los límites de la propia Zapla.

En su apogeo, la planta empleó entre 6.500 y 8.000 trabajadores entre todas sus unidades —planta siderúrgica, minas, centro forestal y la unidad de Pirané en Formosa—. Palpalá creció a su ritmo. El club Altos Hornos Zapla llegó a competir en torneos nacionales de la AFA, a enfrentar a Boca Juniors y a recibir en su estadio a Alfredo Di Stéfano. La siderúrgica no era solo una fábrica: era la identidad económica y social de una región.

La privatización de 1992 y el desmantelamiento del modelo

La historia cambió con el programa de privatizaciones del gobierno de Carlos Menem. Altos Hornos Zapla fue incluida en la lista de empresas a transferir al sector privado. Entre 1989 y 1992 el personal se redujo de manera drástica: de 8.000 obreros a menos de 800 al momento de la transferencia. Las indemnizaciones fueron pagadas con financiamiento del Estado nacional.

El proceso licitatorio fue cuestionado desde el inicio. Hubo denuncias de corrupción y, al cierre del proceso en enero de 1992, se presentó un único oferente: el consorcio Aceros Zapla, integrado por capitales argentinos, franceses y estadounidenses. La valuación de los activos fue, según testimonios de trabajadores de la época, muy por debajo de su valor real: el bosque de eucaliptos solo valía en ese entonces unos 50 millones de pesos; el conjunto de la instalación superaba los 300 millones. El consorcio ingresó 37 millones, el resto en bonos de deuda interna.

La integración vertical desapareció. Se abandonó la producción propia de carbón. Las minas de hierro quedaron fuera de operación. La planta reconvirtió su proceso productivo hacia la chatarra como insumo exclusivo —modelo que mantiene hasta hoy— y se especializó en la producción de aceros especiales destinados a los sectores petrolero, gasífero y automotriz.

Taselli: veinticinco años de ciclos y deudas

En octubre de 1999, el empresario ítalo-argentino Sergio Taselli adquirió la empresa asumiendo una deuda de 70 millones de dólares con el Citibank. Bajo su conducción, Aceros Zapla logró posicionarse como productora de aceros especiales —barras, perfiles, palanquillas— con una capacidad de aproximadamente 5.000 toneladas mensuales y una facturación anual que en momentos de actividad alcanzó los 60 millones de dólares.

Pero la historia de Taselli al frente de Zapla fue la historia de la economía argentina: expansión cuando el ciclo doméstico acompañaba, retracción cuando la construcción y la industria caían. La crisis de 2001-2002 golpeó fuerte. La reactivación de la primera década kirchnerista levantó la producción. Los años de freno económico posteriores volvieron a comprimir la actividad. En cada caída, el ajuste recaía sobre la dotación de personal y los salarios.

El deterioro final comenzó en 2024. El freno en la construcción —principal consumidor de hierro para la obra— redujo la demanda de manera pronunciada. La actividad cayó al mínimo. Comenzaron los atrasos salariales. La UOM —seccional Salta-Jujuy— firmó un proceso preventivo de crisis que habilitó el pago del 85% de los salarios durante seis meses. Al vencimiento del plazo en diciembre de 2024, no hubo acuerdo. En enero de 2025, la UOM denunció públicamente los salarios impagos y los despidos sin justificación. Taselli, señalado por la conducción gremial, comenzó a desvincularse.

Metalnor y el tercer ciclo privado

En febrero de 2025, los hermanos Jorge Aníbal Yobi y Diego Matías Yobi recorrieron las instalaciones de la planta sin tomar contacto con el sindicato ni con los trabajadores. La operación se cerró el 14 de marzo. A partir de ese día, la empresa pasó a denominarse Industria Zapla SA —INZA—. Metalnor, la firma compradora, tiene base en Salta capital, más de veinte años de trayectoria en la clasificación, transporte y comercialización de chatarra ferrosa, y trece sucursales en todo el país.

El gobernador Carlos Sadir se reunió con los nuevos propietarios el 17 de marzo. El mensaje oficial fue de optimismo: reactivación de la producción de aceros especiales, continuidad laboral garantizada para los 220 empleados que quedaban y una proyección de 1.000 toneladas mensuales iniciales, con miras a triplicar esa cifra hacia fines de 2025. La empresa recibió exenciones impositivas por diez años mediante la Ley provincial 6469, que la libera del 100% del impuesto al sello con la condición expresa de sostener fuentes de trabajo y niveles salariales.

PeríodoPropietario / operadorPersonal estimadoFoco productivoResultado del ciclo
1943–1992Estado nacional (Fabricaciones Militares)6.500–8.000Integración vertical: mineral propio, carbón vegetal, arrabio, aceroPrivatización
1992–1999Consorcio Aceros Zapla (cap. arg./fr./EE.UU.)800–2.560Aceros especiales, chatarra como insumoVenta a Taselli
1999–2025Sergio Taselli (Aceros Zapla SA)700–2.000 (variable)Aceros especiales, barras, palanquillaVenta a Metalnor en crisis
2025–presenteMetalnor SRL / Hermanos Yobi (INZA)~220Hierro de construcción, aceros especiales (objetivo)En curso — conflicto salarial activo

La producción crece; los salarios, no

La gestión de Metalnor arrancó con un dato positivo: la producción de hierro de construcción se triplicó a lo largo de 2025 respecto al año anterior. INZA llegó a producir cerca de 3.000 toneladas mensuales, lejos de las cifras de la Zapla estatal pero significativas para una planta que había operado casi en suspenso. El mercado interno regional —Jujuy, Salta, el norte del país— absorbió esa producción con relativa facilidad dado el nivel de precios del hierro importado.

Sin embargo, ese crecimiento operativo no se tradujo en mejoras salariales. A lo largo de toda la gestión de Metalnor —desde la toma efectiva en abril de 2025— los salarios permanecieron en los valores de julio de 2024, período en que la anterior empresa había aplicado el recorte del proceso preventivo de crisis. Los trabajadores producían más, en más horas, bajo condiciones de seguridad denunciadas como deficientes, con salarios que los delegados sindicales describieron como cercanos a la indigencia.

“Estamos cobrando sueldos del año pasado.” — Alfredo Suárez, delegado UOM Salta-Jujuy, febrero de 2026

El 4 de febrero de 2026, los trabajadores de INZA declararon el paro total desde las 6 de la mañana. La medida fue votada en asamblea por unanimidad en los dos turnos. El nivel de acatamiento superó el 90%. La empresa respondió sin ofrecer recomposición salarial. La conciliación obligatoria se extendió por más de veinte jornadas, con múltiples audiencias ante la Secretaría de Trabajo provincial sin acuerdo. El 7 de marzo se llegó a un acuerdo en el marco de la conciliación obligatoria, aunque según información disponible al cierre de esta nota, aún se encontraba pendiente de homologación definitiva.

El perfil de Metalnor y las señales de alerta

Metalnor SRL no tiene antecedentes en la operación de plantas siderúrgicas integradas. Su negocio histórico es la cadena de suministro de chatarra: clasificación, transporte, comercialización y desguace industrial para empresas mineras, ingenios y metalúrgicas. El salto a operar una acería —aunque modesta— representa un cambio cualitativo en la escala del negocio.

El contexto que rodea a la empresa no es neutro. En febrero de 2026, un operativo nacional de la Policía Federal desarticuló una red de contrabando y lavado de metales no ferrosos con conexiones internacionales —cobre y bronce robados exportados como chatarra, cobrados en criptomonedas, con vínculos en doce localidades del país—. En ese marco trascendió que en abril de 2025 un camión identificado con logo de Metalnor había sido detenido en la Ruta 3 con cobre disfrazado como chatarra y remitos adulterados, en presunta violación al Código Aduanero. Las autoridades no emitieron pronunciamiento formal vinculando a la empresa con el operativo mayor. INZA no realizó declaraciones públicas sobre el incidente.

Al mismo tiempo, dentro de la propia planta de Metalnor en Salta se registraron en esas semanas despidos masivos de personal con antigüedad, la incineración de carpetas y documentos dentro del predio —con acceso bloqueado por seguridad privada— y versiones de retiros voluntarios acordados por debajo de los montos legales de indemnización.

¿Tiene futuro Zapla? El análisis de rentabilidad

La pregunta que el sector se hace desde la privatización de 1992 sigue sin respuesta definitiva: ¿puede esta planta ser rentable de manera sostenida bajo gestión privada?

Los argumentos a favor de la viabilidad son reales. La planta tiene activos físicos instalados —horno eléctrico de arco, laminadores, infraestructura de servicios— cuyo valor de reposición es muy superior al precio al que ha cambiado de manos en cada transferencia. Su ubicación en el NOA le otorga una ventaja logística sobre los largos plazos de flete desde los centros productores del litoral —Ternium/Siderar en San Nicolás, Acindar en Villa Constitución— para atender los mercados de Jujuy, Salta, Tucumán y Bolivia. La demanda de hierro de construcción en el norte argentino y en los países limítrofes es real y relativamente estable. Y los costos de la chatarra ferrosa —materia prima exclusiva de INZA hoy— son manejables para un operador que, como Metalnor, controla la cadena de aprovisionamiento.

Los argumentos en contra son igualmente concretos. La planta opera con una dotación que es menos del 4% de su personal histórico máximo, lo que indica que el volumen productivo actual no alcanza para justificar una inversión de mantenimiento y renovación tecnológica de magnitud. El horno eléctrico de arco requiere energía eléctrica a un costo competitivo: en Argentina, esa variable es impredecible. Los aceros especiales —el producto de mayor valor agregado y margen, el que justificó históricamente la existencia de Zapla— requieren know-how técnico, control de proceso y certificación de calidad que una empresa de chatarra no tiene en su ADN comercial. Y la historia reciente de la planta muestra que ningún propietario privado logró estabilizar la operación durante más de un ciclo económico completo sin entrar en crisis.

VariableFavorableDesfavorable
Activos físicosValor de reposición alto; infraestructura instaladaAntigüedad y estado de mantenimiento inciertos
Materia primaMetalnor controla la cadena de chatarraCalidad de la chatarra local limita grados de acero alcanzables
Mercado objetivoVentaja logística en el NOA y mercados limítrofesMercado regional acotado; competencia de importados en aceros especiales
EnergíaTarifa industrial con posibles beneficios provincialesVolatilidad tarifaria argentina; horno eléctrico es intensivo en energía
Capital humanoTrabajadores con experiencia en el procesoConflicto salarial activo; riesgo de pérdida de operarios calificados
Perfil del nuevo operadorConocimiento del mercado de chatarraSin trayectoria en operación acerera integrada
Marco regulatorioExenciones impositivas por Ley 6469 (10 años)Condiciones de las exenciones incumplidas según denuncias sindicales

El modelo que tiene más posibilidades de funcionar para INZA en el corto plazo no es el de la Zapla histórica —aceros especiales, integración vertical, abastecimiento regional profundo— sino uno más modesto: una planta de relaminación de chatarra orientada al hierro de construcción para el mercado del NOA, con volúmenes de 2.000 a 4.000 toneladas mensuales y una ecuación de costos ajustada. Ese es el modelo que Metalnor parece estar ejecutando en los hechos. El problema es que ese modelo requiere, como condición necesaria, salarios en línea con el convenio colectivo y una relación laboral estable. Sin eso, la rotación y el conflicto permanente erosionan cualquier ventaja operativa.

Para que un actor con mayor escala —una siderúrgica integrada nacional o un operador regional con experiencia en acería— considere a INZA como objetivo de adquisición o asociación, necesitaría ver tres cosas que hoy no están claras: la situación legal y ambiental de la planta normalizada, los pasivos laborales de las gestiones anteriores resueltos, y un volumen productivo que justifique la curva de aprendizaje de operar en el NOA. Hasta que esas condiciones no se cumplan, Zapla seguirá siendo lo que ha sido desde 1992: una planta con un pasado enorme y un presente frágil, que en cada cambio de mano promete más de lo que puede cumplir.

El horno sigue encendido en Palpalá. La pregunta no es si puede producir acero. La pregunta es para quién, en qué condiciones y por cuánto tiempo más.