SIDERSA: setenta años de acero argentino y la apuesta más grande del sector en medio siglo.
08 Apr 2026
Desde un galpón de 200 metros cuadrados en Rosario hasta un complejo de 100.000 m² en San Nicolás, la empresa de la familia Spoto construyó en siete décadas el centro de servicios siderometalúrgicos más relevante del mercado argentino. Hoy ejecuta la primera acería greenfield del país en más de cincuenta años.
Tres generaciones, una sola dirección
La historia de SIDERSA empieza en 1956, cuando José Spoto se asoció con un conocido y, con un balancín en el patio de su casa, comenzó a fabricar arandelas. No era un proyecto industrial de gran escala: era un oficio, una apuesta artesanal en el fondo de una vivienda rosarina. De ese origen surgió lo que hoy es la empresa siderometalúrgica de capitales nacionales más relevante del mercado argentino de servicios.
La segunda generación, encabezada por Jesús Spoto, amplió el negocio hacia San Nicolás y comenzó a estructurar lo que sería el núcleo productivo de la compañía: procesamiento de chapas, corte a medida y comercialización de productos siderúrgicos. Fue la etapa en que SIDERSA dejó de ser un taller y se convirtió en un actor del sector.
La tercera generación, con Hernán Spoto como CEO, es la que lleva adelante la transformación más ambiciosa de la historia de la empresa. En 2025, SIDERSA anunció la construcción de una nueva planta siderúrgica en San Nicolás con una inversión de u$s 300 millones, financiada en un 50 a 70 por ciento con capital propio y el resto con crédito internacional —BID Invest aportará u$s 100 millones y el Banco Mundial (IFC) otros u$s 50 millones. El proyecto, aprobado en julio de 2025 dentro del Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) mediante la Resolución 1028/2025 del Ministerio de Economía, fue la primera presentación netamente industrial en incorporarse a ese régimen.
Un centro de servicios con escala industrial
El negocio actual de SIDERSA se organiza como centro de servicios: compra bobinas de acero —principalmente a Ternium— y las transforma en productos aptos para la industria. Sus plantas procesan y comercializan chapas laminadas en caliente y en frío, perfiles conformados en frío, tubos con costura, ángulos, planchuelas, barras y chapa para techo y cerramientos. El portafolio abarca productos planos y largos, con rangos de corte transversal, longitudinal, planchado y conformado.
La planta principal está en San Nicolás, sobre la Ruta Nacional 9, con 100.000 metros cuadrados productivos. La segunda planta opera en Justo Daract, San Luis, en un predio de 26.000 m² con cinco naves y ocho líneas de producción —corte transversal, longitudinal, planchado, tubos y perfiles— con una capacidad aproximada de 10.800 toneladas anuales. Además cuenta con un centro logístico en Hurlingham y oficinas comerciales en Rosario y Buenos Aires.
La empresa despacha alrededor de 250.000 toneladas de acero por año y abastece a más de 2.000 clientes distribuidos en sectores tan distintos como la construcción, la minería, la energía, la agroindustria, la industria naval y el sector automotriz. El mayor cliente individual no supera el 1,3% de los despachos totales, lo que refleja una cartera diversificada con bajo riesgo de concentración.
Su sistema de calidad está certificado bajo ISO 9001:2015 desde hace más de 25 años, lo que representa un elemento diferenciador en un mercado donde la trazabilidad y la conformidad normativa son exigencias crecientes de los compradores industriales.
La apuesta: Sidersa+ y el acero verde
El Proyecto Sidersa+ es la transformación estructural de la compañía. No se trata de una ampliación de capacidad existente sino de un salto de categoría: SIDERSA dejará de ser exclusivamente un procesador y distribuidor de acero para convertirse también en productora de acero primario.
La nueva planta se construirá en un predio de 80 hectáreas contiguo al complejo actual de San Nicolás, con frente sobre la Ruta Nacional 9 y acceso logístico al río Paraná y a la red ferroviaria. El corazón tecnológico del proyecto es el sistema MIDA QLP-DUE minimill del grupo italiano Danieli —una tecnología que solo poseen unas 20 plantas en el mundo— que integra horno de arco eléctrico, colada continua y laminador en un proceso sin corte. El ciclo completo, desde la carga de chatarra hasta el producto final, se completará en aproximadamente dos horas y media.
La materia prima será chatarra metálica reciclada, lo que elimina la dependencia del mineral de hierro y reduce radicalmente la huella de carbono. Mientras el promedio mundial de emisiones en la industria siderúrgica se ubica en 1,79 toneladas de CO₂ por tonelada de acero producido, la nueva planta proyecta una huella de 0,38 toneladas —una reducción de casi el 80% respecto al promedio global. Ese dato posiciona a la futura acería dentro de los benchmarks que la Unión Europea ya exige a sus importadores a través del mecanismo de ajuste en frontera por carbono (CBAM), vigente desde 2026.
La capacidad de producción planificada es de 360.000 toneladas anuales de acero para construcción y alambrón, con un 30% orientado a la exportación. El potencial exportador se estima en más de u$s 100 millones anuales. La planta no tendrá operarios en el piso: el modelo productivo apunta a una operación robotizada y automatizada con control centralizado.
La empresa también evalúa la incorporación de generación renovable in situ —incluyendo paneles solares fotovoltaicos, compatibles con la tecnología de corriente continua del horno de arco eléctrico— y ya tiene experiencia en ese segmento: opera dos parques solares en la provincia de San Juan (Ullum IV y Solargen 2) que proveen energía para aproximadamente 20.000 familias y están gestionados a través de su subsidiaria Solargen.
El contexto: una apuesta contracíclica
La decisión de avanzar con una inversión de esta magnitud en el momento en que se tomó no es trivial. El sector siderúrgico argentino atraviesa un período de presión significativa: Acindar redujo producción en el primer semestre de 2025, el EBITDA de Ternium Argentina cayó a la mitad en términos interanuales, y las importaciones de metales y sus manufacturas desde China crecieron 61% interanual en ese mismo período, según datos del INDEC. A esto se suman los aranceles al acero y aluminio impuestos por Estados Unidos, que generan desvíos de flujos comerciales globales.
En ese escenario, Hernán Spoto definió la posición de la empresa con claridad: la única forma de competir con el acero chino es con mayor eficiencia productiva, no con protección arancelaria. Y la única forma de sostener rentabilidad a largo plazo es integrarse verticalmente, controlando el proceso desde la materia prima. El proyecto no es una respuesta a la coyuntura sino a una decisión de largo plazo: la empresa declaró que planifica en horizontes de 30 años.
La operación también contempla la posibilidad de salir a cotizar en el mercado de capitales argentino en el mediano plazo, como parte de un proceso de profesionalización corporativa que acompañe la escala del proyecto.
Estructura productiva y subsidiarias
Además de la actividad central en San Nicolás y Justo Daract, SIDERSA opera a través de subsidiarias que complementan su perfil productivo. Sidergy es la unidad especializada en estructuras metálicas para energías renovables: fabrica estructuras fijas, torres eólicas, tubos y perfiles para trackers y estructuras de parques solares. Es un segmento de crecimiento sostenido en Argentina, donde la expansión de la generación renovable sigue ampliando la demanda de componentes estructurales en acero.
El modelo de servicio incluye además una plataforma de gestión online —Extranet— desde la cual los clientes pueden realizar compras, seguimiento de pedidos, acceso a comprobantes y consulta de cuenta corriente en tiempo real. Es un componente operativo relevante en una empresa que atiende a más de 2.000 compradores con alta frecuencia de transacciones.
Un proyecto que define una era
SIDERSA no es la empresa más grande del sector siderúrgico argentino en términos de volumen —Ternium y Acindar la superan en producción primaria—, pero ocupa un lugar singular: es el centro de servicios de mayor escala del país, con capitales íntegramente nacionales y tres generaciones de gestión familiar ininterrumpida. El Proyecto Sidersa+ no es solo una ampliación de planta: es la primera acería greenfield que Argentina construye en más de cincuenta años, con tecnología de bajo carbono que anticipa los estándares que el comercio internacional ya está empezando a exigir. Si el proyecto se concreta en los plazos previstos, San Nicolás volverá a ser el corazón siderúrgico del país. Esta vez, con una planta pensada para el mundo que viene.